El Príncipe Pastor
En las colinas verdes fuera de la antigua ciudad de Sidón, el pastor Aminta vive una vida de perfecta satisfacción. Cuida de su rebaño, escucha el murmullo del arroyo y ama a la pastora Elisa con una devoción tranquila y completa. Elisa lo ama con la misma profundidad — escucha su nombre en cada sonido de la naturaleza. Ninguno de los dos sabe que Aminta no es lo que parece. De hecho, él es el último heredero sobreviviente de la casa real de Sidón, oculto entre pastores desde su infancia para protegerlo del tirano que usurpó el trono.

El Decreto de Alexander
Alejandro Magno ha conquistado Sidón y derrocado a su tirano. Ahora quiere restaurar al rey legítimo. Su noble Agenore trae la asombrosa noticia a Aminta: tú eres el verdadero heredero al trono. Alejandro quiere que Aminta tome la corona —y, por razones políticas, que se case con Tamiri, la hija del tirano depuesto, para unir las reclamaciones rivales. Aminta está atónito. No tiene deseo de ser rey. Solo quiere su vida sencilla con Elisa. Pero Alejandro es el hombre más poderoso del mundo, y su decreto no es fácil de rechazar.

Corazones en conflicto
El plan de Alexander crea una red de desamor. Tamiri, la hija del tirano depuesto, ha perdido todo y ahora enfrenta un matrimonio político con un extraño. Pero Agenore, el propio amigo y confidente de Alexander, está secretamente enamorado de Tamiri — y ella comienza a sentir lo mismo. No puede hablar, porque su lealtad a Alexander exige silencio. Tamiri reflexiona sobre las tormentas del destino que han azotado su vida, aferrándose a una frágil esperanza de que la paz llegará. Mientras tanto, Aminta y Elisa enfrentan la devastadora perspectiva de ser separadas por una corona que ninguna de ellas desea.

La elección dolorosa
Aminta y Elisa deben despedirse. Él debe irse y ser rey; ella debe quedarse atrás. Su dúo de despedida es desgarrador — ambos intentan ser desinteresados, instando al otro a encontrar la felicidad, pero sus voces siguen buscando la una a la otra. Elisa insiste en que no se interpondrá en el camino de su destino, pero una vez que Aminta se va, su dolor se convierte en furia. Ella se enfurece contra la crueldad de un mundo que recompensa la virtud con sufrimiento y exige que el amor se someta a la política.

La Constancia de Aminta
A pesar de la presión para aceptar su nuevo papel y casarse con Tamiri, Aminta hace una declaración silenciosa e inquebrantable: amará a Elisa y se mantendrá constante a ella, pase lo que pase. En el aria más famosa de la ópera, acompañada por un violín solista de belleza sobrenatural, Aminta canta un voto de fidelidad que también es una profunda declaración sobre lo que más importa en la vida. El poder, la gloria y los tronos no son nada comparados con un amor dado libremente y mantenido obstinadamente. Es esta constancia — esta negativa a traicionar su propio corazón — lo que finalmente demuestra que Aminta es digno de la corona.

Alessandro reconsidera
El sufrimiento de sus súbditos comienza a preocupar a Alessandro. Tamiri indica suavemente que podría ser feliz con Agenore, si se lo permitieran. Agenore, finalmente incapaz de contenerse, revela la profundidad de sus sentimientos. Alessandro, que se enorgullece de hacer felices a las personas a través de sus conquistas, se ve obligado a confrontar el hecho de que su propio decreto está causando miseria a todos a su alrededor. Comienza a reconsiderar — quizás la verdadera sabiduría no radica en imponer orden, sino en permitir que las personas sigan sus corazones.

El Rey Generoso
Alessandro hace su juicio final — y es su mejor momento. Aminta será de hecho rey de Sidón, pero se casará con Elisa, la mujer que ama, no con Tamiri. Tamiri y Agenore son libres de seguir sus propios corazones. La alianza política que Alessandro planeó originalmente es reemplazada por algo mejor: un reino fundado en el amor, la honestidad y los lazos elegidos libremente entre las personas. Los cinco personajes se unen en un final jubiloso celebrando al líder invencible cuya mayor conquista fue su propia capacidad para la sabiduría y la generosidad.








