El desamor de Bastienne
La joven pastora Bastienne está desconsolada. Su amado Bastien ha sido seducido por una rica noble, y Bastienne teme haberlo perdido para siempre. Ella vaga por los prados, derramando su tristeza en canción. El campo que antes parecía tan hermoso ahora se siente vacío y sin alegría sin él.
Colas the Sorcerer
Entra Colas — el mago autoproclamado del pueblo y hombre sabio para todo. Bastienne le cuenta sus problemas, y Colas, que ha visto a un centenar de pastoras enamoradas antes, sabe exactamente qué hacer. Le dice a Bastienne que recuerde los buenos momentos con Bastien, y luego prescribe su infalible remedio: finge que ya no te importa. Actúa indiferente, y el pastor errante volverá corriendo.
El Plan
Bastienne no es una actriz natural, y la idea de pretender ser indiferente la pone nerviosa. Pero acepta intentar el plan de Colas. Los dos sellan su conspiración en un dúo confiado: sigue mi consejo, canta Colas, y todo saldrá bien. Bastienne se va a poner el plan en acción, dejando a Colas prepararse para la inevitable llegada de Bastien.
El regreso de Bastien
Bastien llega, buscando a Colas. Los encantos de la noble dama se han desvanecido, y él quiere a Bastienne de vuelta. Pero Colas le da una noticia devastadora: Bastienne ha encontrado un nuevo admirador y ya no se preocupa por Bastien. El joven pastor está horrorizado — ¡seguro que esto no puede ser verdad! Colas lo deja retorcerse, disfrutando cada momento del pánico del amante infiel.
El Hechizo Mágico
Bastien le suplica a Colas que le ayude, y el hechicero accede con su actuación más teatral: un encantamiento mágico. Diggi, Daggi, Schurry, Murry — Colas canta pura tontería con la gravedad de un sumo sacerdote, agitando los brazos y consultando su libro de hechizos. La 'magia' es completamente falsa, por supuesto, pero Bastien cree cada palabra. Envalentonado por el hechizo, va a buscar a Bastienne.
La disputa
Los amantes se encuentran al fin — y el plan de Colas funciona a la perfección. Bastien expresa su amor, pero Bastienne, siguiendo las instrucciones, finge que no le importa. Ella actúa fría y despectiva, y Bastien está devastado. La situación se intensifica en una acalorada discusión: ¡Vete! ¡Tu terquedad no me asusta! Ambos fingen haber terminado el uno con el otro, pero ninguno puede alejarse. El Mozart de doce años captura la absurdidad y la ternura de una disputa amorosa con asombrosa precisión.
Reconciliación
El juego ha ido lo suficientemente lejos. Bastien, en una desesperación genuina, amenaza con hacerse daño si Bastienne realmente ya no lo ama. La pretensión se derrumba: Bastienne no puede soportar verlo sufrir, y deja caer su máscara. Caen en los brazos del otro, y la pelea se evapora en un instante. Colas llega para encontrar la crisis resuelta — naturalmente, se lleva todo el crédito. Los tres celebran en un alegre trío final: permanezcamos fieles para siempre, y nunca dejemos que los celos se interpongan entre nosotros de nuevo.
