K. 319

Sinfonía n.º 33 en si bemol mayor, K. 319

di Wolfgang Amadeus Mozart

Mozart from family portrait, c. 1780-81
Mozart from the family portrait, c. 1780–81 (attr. della Croce)

La Sinfonía n.º 33 en si bemol mayor, K. 319 de Mozart se terminó en Salzburgo el 9 de julio de 1779, cuando el compositor tenía 23 años. Escrita para una plantilla casi “de cámara”, alcanza una brillantez y un empuje llamativos gracias a un trabajo temático conciso, una orquestación despierta y un final de viveza inusual; cualidades que la convierten en una de las sinfonías salzburguesas más gratificantes para escuchar con atención.

Antecedentes y contexto

El año 1779 de Mozart señala un fascinante punto de reajuste. Tras regresar del difícil viaje Mannheim–París (1777–78), volvió a estar empleado en Salzburgo bajo el arzobispo Colloredo, una situación que podía proporcionarle excelentes músicos y ocasiones regulares, pero también severas limitaciones a la ambición y la independencia. En este entorno, Mozart produjo una concentración notable de obras orquestales y concertantes, entre ellas la Serenata “Posthorn” (K. 320), la Sinfonia concertante para violín y viola (K. 364) y tres sinfonías (K. 318, K. 319, K. 338).

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K. 319 pertenece a este grupo salzburgués: música que, por fuera, es “práctica”, pero por dentro, inventiva. Lo que hace distintiva a la Sinfonía n.º 33 no es la monumentalidad, sino el acabado: cuánto carácter extrae Mozart de recursos modestos y con qué decisión se aleja del modelo anterior de sinfonía salzburguesa entendida como obertura, para avanzar hacia un argumento compacto en cuatro movimientos.

Composición y estreno

El autógrafo de la sinfonía lleva la fecha de Mozart: “Salzburgo, 9 de julio de 1779”, una rara pieza de documentación exacta para una obra orquestal salzburguesa.12 Hay, sin embargo, una complicación de tipo estructural: la partitura original de Mozart constaba solo de tres movimientos (un patrón asociado a la práctica sinfónica italianizante), y el Menuetto se añadió más tarde, casi siempre en relación con las interpretaciones vienesas de Mozart a comienzos de la década de 1780.34

Como la documentación de la corte y la catedral de Salzburgo rara vez ofrece un registro de estreno comparable al de las obras públicas parisinas, no se conocen con seguridad las circunstancias de la primera interpretación. Los comentaristas modernos, por tanto, tienden a expresarse con cautela: la sinfonía se compuso para uso salzburgués en 1779 y luego se adaptó para su presentación posterior fuera de Salzburgo (con el minueto añadido) cuando Mozart tuvo motivos para introducir la obra en la vida concertística vienesa.3

Instrumentación

La plantilla es austera incluso según los estándares de Mozart a finales de la década de 1770, y es central para la identidad de la sinfonía: transparencia, intercambios conversacionales rápidos y una brillantez liderada por las cuerdas, con los vientos empleados para color, acentos y algún foco ocasional.

  • Vientos: 2 oboes, 2 fagotes
  • Metales: 2 trompas (en si bemol)
  • Cuerdas: violines I y II, viola, violonchelo, contrabajo

Esta orquesta compacta se señala de forma constante en las tradiciones modernas de referencia y de notas de programa, y los fagotes suelen funcionar como refuerzo del bajo y/o “densificador” armónico más que como solistas obbligato independientes.14

Forma y carácter musical

La Sinfonía n.º 33 de Mozart se describe a veces como una sinfonía salzburguesa “estándar”; esa etiqueta puede inducir a error si sugiere una inspiración rutinaria. El atractivo de la obra reside en la energía con que sostiene su argumentación, especialmente en los movimientos extremos, y en cómo juega con las expectativas de la retórica sinfónica.

I. Allegro assai (si bemol mayor)

El primer movimiento está en forma sonata-allegro y anuncia de inmediato una voz pública y luminosa; pero su verdadero interés está en la economía de su trabajo motívico.1 En el desarrollo aparece una curiosidad famosa: Mozart lo construye en torno a una figura compacta de cuatro notas que no figura como tema principal en la exposición, un efecto que puede sentirse como un súbito estrechamiento del foco y de la propulsión.1 (A menudo se comenta la figura por su semejanza con el célebre motivo de cuatro notas del final de la Sinfonía “Júpiter”, K. 551, aunque la obra maestra posterior transforma la idea dentro de un mundo contrapuntístico muy distinto.)14

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II. Andante moderato (mi bemol mayor)

El movimiento lento pasa a la subdominante (mi bemol mayor), una relación tonal que, en las sinfonías clásicas, suele sugerir calidez y amplitud. Aquí Mozart aprovecha la orquesta reducida para crear una textura a la vez luminosa e íntima: las cuerdas llevan gran parte del discurso lírico, y los vientos entran como realces refinados, menos como un “coro separado” que como puntos de luz delicadamente colocados.2

III. Menuetto (si bemol mayor)

El minueto añadido posteriormente hace más que satisfacer la convención. Cambia las proporciones de la sinfonía, transformando un plan italianizante de tres movimientos en el ciclo de cuatro movimientos hoy familiar y reforzando así la sensación de llegada al final.3 Escuchado de este modo, el Menuetto funciona como una bisagra: cortesano en la superficie, pero también un reajuste de energía y del perfil de tempi antes del sprint conclusivo.

IV. Final: Allegro assai (si bemol mayor)

El final es el movimiento más distintivo de la sinfonía en una primera escucha, impulsado por un movimiento rítmico casi continuo —a menudo articulado como tresillos fluidos— que produce una brillantez sin aliento sin requerir una gran orquesta.1 Es también un recordatorio del instinto teatral de Mozart: el impulso se moldea en párrafos, con giros rápidos, contrastes de textura y un sentido de “dirección escénica” que mantiene el oído del oyente atento a lo que ocurrirá a continuación.

Recepción y legado

La Sinfonía n.º 33 ocupa una posición sugerente en la recepción de Mozart. No está entre las sinfonías tardías vienesas “canónicas” que con más frecuencia se presentan como monumentos; pero tampoco está lejos de ser una obra juvenil de aprendizaje. Es una sinfonía salzburguesa en el punto en que el lenguaje sinfónico de Mozart se vuelve más conciso, más guiado por el argumento y más seguro de lo que puede lograrse con medios limitados.

Históricamente, la obra también es notable por su vida posterior en Viena: la adición tardía del minueto sugiere la propia valoración de Mozart de que K. 319 merecía llevarse adelante y remodelarse para nuevos contextos.34 Para los oyentes actuales, su valor reside precisamente en esa mezcla de practicidad e imaginación. En interpretaciones que respetan su escala —articulación nítida, tempi ágiles y equilibrios transparentes— la pieza puede sonar menos a “Mozart pequeño” que a Mozart concentrado: una sinfonía que hace que el ingenio, el impulso y la claridad formal parezcan recién acuñados.

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[1] Wikipedia — overview, date (9 July 1779), movement list and formal notes, and general scoring.

[2] Boston Symphony Orchestra program note — discussion of orchestration and character (especially the Andante) and confirmation of scoring.

[3] Digital Mozart Edition (Mozarteum) — New Mozart Edition preface (English PDF) noting the symphony originally had three movements and the minuet was added later in Vienna.

[4] Boston Baroque program note — autograph dated 9 July 1779; three-movement original; later addition of the minuet for Vienna; comments on the four-note development figure.