K. 252

Divertimento n.º 12 en mi bemol mayor, K. 252 (240a)

de Wolfgang Amadeus Mozart

Miniature portrait of Mozart, 1773
Mozart aged 17, miniature c. 1773 (attr. Knoller)

El Divertimento n.º 12 en mi bemol mayor (K. 252/240a) de Mozart es un sexteto salzburgués para instrumentos de viento de 1776: música pensada para el disfrute convivial y, sin embargo, escrita con un ingenio y un oficio que vuelven imposible escucharla como simple “fondo”. Con plantilla de pares de oboes, trompas y fagotes, muestra al compositor de 20 años poniendo a prueba cuánto color, contraste y sorpresa formal puede extraer de una pequeña banda al estilo de una Harmonie.

Antecedentes y contexto

En 1776, Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791) estaba de nuevo bien asentado en Salzburgo, al servicio de la corte del príncipe-arzobispo Hieronymus Colloredo, y lidiaba con las exigencias prácticas del músico profesional: obras de iglesia, piezas instrumentales ocasionales y música para la vida social de la corte. Los conjuntos de viento eran parte central de ese mundo. Podían tocar al aire libre, en salas grandes donde las cuerdas podían perderse, y durante comidas o festejos en los que se deseaba música continua.

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K. 252 pertenece a un grupo salzburgués muy estrechamente emparentado de cinco divertimentos para viento (K. 213, 240, 252/240a, 253 y 270), durante mucho tiempo vinculados a la “música de mesa” (Tafelmusik) de la corte. Las fuentes conservadas sugieren que estas piezas fueron concebidas como un conjunto: el título “divertimento” aparece en los autógrafos con letra de Leopold Mozart, y él mismo llegó a numerar las obras en secuencia, prueba tanto de un impulso editorial doméstico como del deseo de que circularan con mayor amplitud.[3]

La categoría “divertimento” puede inducir a error al oyente moderno, que quizá espere algo meramente ligero. Sin embargo, incluso dentro de la música funcional, Mozart suele aspirar a más que un sonido agradable: explora la forma, el carácter y la personalidad instrumental. En estos sextetos, el desafío se intensifica por las limitaciones —y las posibilidades expresivas— de los oboes, las trompas naturales y los fagotes del Clasicismo. La recompensa es una sonoridad inconfundible: brillo de caña, resonancia dorada de las trompas y una agilidad del fagot capaz de ser a la vez línea de bajo y comediante.

Composición y estreno

La obra se transmite como Divertimento en mi bemol (K. 252), con una fuente autógrafa de 1776 consignada en la entrada del Köchel-Verzeichnis del Mozarteum.[1] La fecha exacta no figura en el manuscrito; la discusión académica suele situarla en algún punto de 1776 en Salzburgo, entre los sextetos compañeros K. 240 y K. 253.[3]

No se documenta con seguridad un estreno concreto. No es de extrañar: música de este tipo a menudo entraba en uso sin una única “primera interpretación”, funcionando más bien como repertorio que los músicos de la corte podían emplear según la ocasión. La primera edición impresa es posterior (el Köchel-Verzeichnis menciona una primera impresión en 1800), lo cual también sugiere que la vida inicial de la obra fue la de música práctica salzburguésa, más que un producto pensado para el mercado editorial amplio.[1]

Instrumentación

Mozart escribe para un sexteto de viento con instrumentos por parejas, un conjunto típico de finales del siglo XVIII para exteriores y ceremonias:

  • Viento: 2 oboes, 2 fagotes
  • Metal: 2 trompas naturales

Esta plantilla importa. Sin cuerdas que aporten un colchón continuo, la armonía debe sostenerse por sí misma, y Mozart responde repartiendo responsabilidades: los fagotes hacen más que apuntalar; pueden cantar, parlotear e impulsar. Las trompas, limitadas a las notas de la serie armónica natural, aun así proporcionan pilares armónicos y momentos de sorprendente protagonismo. Los oboes, con su timbre penetrante, llevan buena parte del discurso melódico y, a la vez, se funden en texturas acordales.

Forma y carácter musical

K. 252 se organiza en cuatro movimientos, y su interés reside en cómo Mozart varía el pulso y el género manteniendo al conjunto en una conversación incesante.[3]

  • I. Andante (6/8)
  • II. Menuetto (con Trío)
  • III. Polonaise
  • IV. Presto assai

I. Andante (mi bemol mayor, 6/8)

En lugar de abrir con el esperado Allegro brillante, Mozart comienza con un Andante “perezoso” (sin prisa) en 6/8.[3] La elección del tempo reencuadra al instante el género: no es un simple telón de fondo inicial, sino una pieza de carácter, casi pastoril en su balanceo. La escritura para vientos invita a percibir el color tímbrico como estructura: cómo cambia una frase al pasar de los oboes a los fagotes, o cuando entran las trompas y profundizan la luz armónica.

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Este movimiento también recuerda que los divertimentos para viento pueden ser expresivos sin volverse pesados. Mozart aprovecha el compás compuesto y amable para mantener las líneas ligeras, mientras que la mezcla de cañas da al mi bemol mayor un tono particularmente cálido, de aire otoñal.

II. Menuetto y Trío

Los movimientos de danza son el “núcleo social” de muchos divertimentos, pero Mozart rara vez los trata como algo genérico. Aquí el Menuetto puede sonar casi teatral: las parejas de instrumentos se pinchan entre sí mediante ritmo y registro, y la escritura de las trompas queda notablemente en primer plano en comparación con muchas piezas para viento contemporáneas.[3]

El Trío se desplaza a la bemol mayor, un giro que suaviza sutilmente la paleta (la bemol es la región subdominante de mi bemol mayor y a menudo se percibe como una “habitación lateral” relajada en la tonalidad clásica). El resultado es un ejemplo pequeño pero elocuente de la dramaturgia mozartiana: el divertimento se convierte en una sucesión de escenas más que en una cadena de números funcionales.

III. Polonaise

Una Polonaise es una elección poco habitual en la producción de Mozart, y esa rareza forma parte del encanto del movimiento.[3] El ritmo tiene un aire de dignidad con cierta fanfarronería —cortesano, un punto autoconsciente— y permite a Mozart escribir un paso más acentuado y procesional que el de los movimientos circundantes.

El movimiento también muestra la habilidad de Mozart para extraer variedad de medios modestos. Con solo seis intérpretes, el “contraste” debe construirse mediante articulación, registro y el rápido intercambio de funciones. El oído empieza a seguir no solo la melodía, sino la disposición: quién conduce ahora, quién comenta, quién aporta la línea de fagot cómica o consoladora.

IV. Presto assai

El final se vuelve exuberante: un Presto assai que (según se señala en comentarios sobre el conjunto) recurre a una melodía austríaca, “Die Katze lässt das Mausen nicht” (“El gato no deja de cazar ratones”).[3][4] Se reconozca o no el tema, el efecto es evidente: energía popular introducida en compañía cultivada.

En un sexteto de viento, la velocidad no es solo exhibición virtuosa; también es una prueba de la retórica de conjunto. Mozart escribe de modo que el impulso parezca colectivo: oboes que muerden las figuras, fagotes lo bastante ágiles como para sonar a azogue y no a lastre, y trompas que puntean la armonía con confianza atlética.

Recepción y legado

K. 252 nunca ha disfrutado de la fama universal de las serenatas vienesas para viento posteriores (sobre todo la “Gran Partita”, K. 361/370a), pero merece atención precisamente porque muestra a Mozart construyendo el oficio que hace posibles esas obras tardías. Los sextetos demuestran cómo piensa los instrumentos de viento como un coro autosuficiente, capaz de sostener formas amplias, no solo de aportar fanfarrias y relleno.

La investigación moderna y el trabajo editorial también han cuestionado la vieja idea de que estas piezas son “solo” Tafelmusik. La Neue Mozart-Ausgabe (tal como se resume en discusiones de referencia más generales) observa que el grupo ha sido infravalorado tanto en la bibliografía como en la interpretación, una infravaloración ligada al supuesto de que la música funcional ha de ser superficial.[3] En la práctica, K. 252 recompensa la escucha atenta: es compacta, variada en géneros y de un carácter inusualmente marcado por su elección inicial y sus tipos de danza.

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Para los intérpretes de hoy, la obra se sitúa en un punto ideal. Es accesible por su escala y, sin embargo, plantea preguntas interpretativas constantes: cómo equilibrar oboes y trompas, cómo articular el ritmo de danza sin pesadez, cómo colorear frases repetidas para que el “entretenimiento” se convierta en arte. Para el oyente, es un recordatorio persuasivo de que los años salzburgueses de Mozart no fueron un simple preludio de Viena: fueron un laboratorio en el que aprendió a hacer que cualquier conjunto, por pequeño que fuese, sonara como un escenario vivo.

[1] Mozarteum Köchel-Verzeichnis entry for K. 252 (sources, scoring, dating context, early print information).

[2] IMSLP work page for Divertimento in E-flat major, K. 252/240a (basic catalog data and scoring tags).

[3] Wikipedia: “Divertimenti for six winds (Mozart)” — overview of the Salzburg set, Leopold’s numbering, movement list and descriptive notes for K. 252/240a; references NMA and other scholarship.

[4] Brilliant Classics PDF liner notes (Mozart Complete Edition) mentioning the finale’s Austrian tune “Die Katze lässt das Mausen nicht” in connection with the wind divertimenti set.