Concierto para fagot en si bemol mayor, K. 191 (1774)
von Wolfgang Amadeus Mozart

El Concierto para fagot en si bemol mayor, K. 191 de Mozart (terminado en Salzburgo en 1774) encabeza sus conciertos conservados para instrumento de viento solista y orquesta. Escrito cuando el compositor tenía 18 años, combina ambición sinfónica con una escritura para fagot de inusitada cualidad vocal: una prueba temprana de lo naturalmente que Mozart podía hacer cantar a una voz orquestal “de acompañamiento”.
Antecedentes y contexto
En 1774 Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791) trabajaba en Salzburgo bajo el gobierno del príncipe-arzobispo Hieronymus Colloredo, componiendo a gran velocidad en distintos géneros mientras asimilaba los más recientes giros del lenguaje instrumental que circulaban por el sur de Alemania y Austria. El Concierto para fagot en si bemol mayor, K. 191 pertenece a este periodo salzburgués y, pese a su relativa brevedad, ya muestra a Mozart tratando al solista de viento no solo como un virtuoso ágil, sino como un protagonista expresivo, capaz de un cantabile operístico (melodía “cantable”) y también de una rapidez cómica.1
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La fama actual del concierto resulta llamativamente desproporcionada para una obra tan temprana. Se ha convertido en una piedra angular del repertorio del fagot —habitual en los estudios de conservatorio y en audiciones profesionales— porque pone a prueba el estilo clásico, la articulación, el fraseo y una virtuosidad equilibrada con más exigencia de la que su amable superficie deja entrever.2
Composición y estreno
La partitura autógrafa se ha perdido, pero por lo general se acepta como fecha de conclusión el 4 de junio de 1774, en Salzburgo.2 Más allá de eso, las circunstancias originales de interpretación siguen siendo poco claras. Una tradición arraigada vincula el concierto con el aristócrata bávaro y aficionado al fagot Thaddäus Freiherr von Dürnitz; aun así, los repertorios de referencia modernos suelen tratar con cautela la historia del “encargo”, señalando que las pruebas documentales firmes son limitadas.2
Lo que sí puede afirmarse con seguridad es que K. 191 es el concierto para instrumento de viento más temprano de Mozart que se conserva, un hecho que lo convierte en un punto de partida revelador para las obras maestras posteriores —de Salzburgo y de Viena— para oboe, trompa, clarinete y flauta.2 La escritura ya presupone un solista cómodo con pasajes rápidos y registros amplios, pero no menos premia a quien sepa moldear largas líneas de aire “arístico”, con respiración y color imaginativos.
Instrumentación
Mozart concibe el concierto para fagot solista y una orquesta clásica de dimensiones contenidas —en esencia, una paleta sinfónica de tamaño camerístico— que permite que la línea solista se proyecte sin esfuerzo y, al mismo tiempo, entable un diálogo auténtico.
- Maderas: 2 oboes
- Metales: 2 trompas (en si bemol)
- Cuerdas: violines I y II, viola, violonchelo, contrabajo (línea de bajo)
- Solista: fagot2
De manera significativa, la plantilla prescinde de trompetas y timbales, lo que mantiene un sonido luminoso pero flexible; las trompas aportan un brillo ceremonial en los pasajes de tutti y un cálido colchón armónico en los episodios líricos.
Forma y carácter musical
Mozart sigue el plan habitual del concierto en tres movimientos, pero dentro de ese marco conocido otorga al fagot una gama de papeles sorprendentemente “teatral”: conversador ingenioso, cantante lírico y bailarín ágil.
I. Allegro (si bemol mayor)
El primer movimiento utiliza la forma sonata-allegro con introducción orquestal, un diseño que permite a Mozart establecer un tono público y extrovertido antes de que el solista entre a reinterpretar ese material de manera más personal.2 Lo que distingue al movimiento, pensando en el instrumento, es lo natural con que Mozart convierte la resonancia de lengüeta del fagot en encanto melódico: abundan las escalas y los arpegios, pero rara vez son mero lucimiento vacío. Más bien tienden a hablar: responden a los gestos de la orquesta, se encajan con los oboes o suavizan las transiciones hacia nuevas regiones armónicas.
Ya está presente un rasgo característico del estilo concertante de Mozart: la parte solista es virtuosa, pero nunca se separa del argumento temático de la orquesta. Incluso cuando el fagot se muestra más animado, las texturas circundantes siguen siendo lo bastante transparentes como para mantener inteligible la “conversación” musical.
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II. Andante ma adagio (fa mayor)
El movimiento lento pasa a fa mayor y adopta un tono más íntimo y vocal.2 Aquí Mozart escribe para el fagot como si fuese una voz lírica grave: las frases son largas, modeladas por la respiración, y a menudo se sostienen sobre un acompañamiento de pulsación suave. A veces se describe el movimiento como una sonata sin desarrollo: un diseño lírico y compacto que se concentra en la melodía y el matiz armónico más que en la confrontación dramática.2
Una razón por la que este movimiento merece la atención de oyentes más allá del mundo del fagot es su mirada anticipadora hacia el lirismo operístico maduro de Mozart. Desde hace tiempo, los repertorios de referencia señalan que un tema de este movimiento reaparece más tarde en el universo expresivo de Le nozze di Figaro (1786), lo que sugiere con qué facilidad el “canto” instrumental de Mozart podía trasladarse al teatro.2
III. Rondo: Tempo di Menuetto (si bemol mayor)
El final, marcado “Rondo: *Tempo di Menuetto*,” es un rondó de impronta danzable cuya elegancia importa tanto como su virtuosismo.2 La elección de un tempo de minueto es reveladora: en lugar de una carrera desenfrenada hacia la meta, el movimiento equilibra el brillo con el aplomo cortesano. Las figuras ágiles del fagot —a menudo con saltos, giros y adornos— conservan un carácter marcadamente social, como si el solista fuese el bailarín más elocuente del salón.
En la interpretación, el encanto del final puede ocultar sus exigencias técnicas. Son esenciales una articulación limpia, ligereza en el registro agudo y gracia estilística; una sonoridad pesada puede embotar el ingenio de la música.
Recepción y legado
K. 191 ocupa un lugar especial en la producción de Mozart porque muestra, a los 18 años, un dominio pleno del equilibrio retórico del concierto clásico: brillantez pública atemperada por la intimidad, y una escritura virtuosa que permanece inseparable del carácter y de la línea. Para los fagotistas se ha convertido en un rito de paso, y se considera ampliamente una de las obras más interpretadas y estudiadas del repertorio del instrumento.2
Históricamente, también es un recordatorio de la seriedad temprana con la que Mozart abordó los instrumentos de viento. Incluso antes de los grandes conciertos y quintetos vieneses, ya era capaz de individualizar un timbre y escribir idiomáticamente para él, transformando el fagot de “cimiento” orquestal en una voz solista persuasiva. Esa transformación, lograda con medios modestos y un plan aparentemente convencional de tres movimientos, es precisamente la razón por la que el concierto sigue mereciendo atención.
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Noten
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[1] Köchel-Verzeichnis (Mozarteum Foundation) work entry for KV 191: Bassoon Concerto in B-flat major (catalogue identity and basic data).
[2] Wikipedia: overview article with completion date (4 June 1774), movement titles/keys, instrumentation, and reception notes (audition staple).











