Exsultate, jubilate (K. 165): el “motete” milanés de Mozart en fa mayor
av Wolfgang Amadeus Mozart

Exsultate, jubilate (K. 165) es el radiante “motete” solista de Mozart para soprano y orquesta, compuesto en Milán en enero de 1773 —apenas unos días antes de su primera interpretación, el 17 de enero— y concebido para lucir al extraordinario castrato Venanzio Rauzzini. Aunque pertenece al ámbito litúrgico por su género, su virtuosismo operístico y el célebre Alleluia final lo han convertido en una de las obras sacras más perdurables de Mozart en la sala de conciertos.123
Antecedentes y contexto
El Exsultate, jubilate de Mozart pertenece al notable resplandor tardío de su tercer y último viaje a Italia (octubre de 1772–marzo de 1773), cuando el compositor adolescente —todavía, de manera oficial, al servicio de Salzburgo— aprendía sin embargo su oficio en el escenario más exigente de Italia: el teatro de ópera.2 En Milán, los Mozart quedaron ligados a la suerte de Lucio Silla (K. 135), cuya serie de funciones los retuvo en la ciudad bastante más allá del estreno; mientras aguardaban el cambio de temporada, Wolfgang llenó los días “intermedios” con música de cámara y piezas sacras de ocasión, y entre ellas el motete solista fue pronto la única obra destinada a sobrevivir a la política teatral inmediata que la había propiciado.23
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El origen de la obra es inseparable de su solista previsto: Venanzio Rauzzini, el primo uomo (protagonista masculino) de Lucio Silla. El público actual suele encontrarse con Exsultate, jubilate como una pieza de lucimiento luminosa y “universal”; en Milán era algo mucho más concreto: el retrato de una voz determinada y el recuerdo de una producción específica. En ese sentido se sitúa en un cruce especialmente sugerente: un texto latino y un marco eclesiástico, pero una escritura vocal propia de una estrella formada para la ópera.
Composición y función litúrgica
Mozart compuso Exsultate, jubilate en Milán en enero de 1773, cuando tenía 17 años.12 Un dato documental valioso procede de la correspondencia familiar: la Digital Mozart Edition conserva la carta que Leopold Mozart envió desde Milán el 16 de enero de 1773 (con posdata de Wolfgang), en la que se indica que el motete se interpretó al día siguiente —17 de enero de 1773— en Milán.4 Diversas fuentes de referencia señalan como lugar el complejo de los teatinos vinculado a Sant’Antonio Abate, y nombran a Rauzzini como solista en la primera interpretación.35
¿Qué hacía, exactamente, una pieza así en un contexto litúrgico? La tradición de notas al programa (a menudo apoyada en prácticas habituales del siglo XVIII) sugiere que un motete solista de esta envergadura podía funcionar como una inserción musical ampliada dentro de la misa: ya fuera como una especie de interludio devocional o en un espacio que pudiera sustituir a un número de ofertorio.6 Esa flexibilidad práctica ayuda a explicar el carácter híbrido del género: podía ser “sacro” sin quedar estrechamente atado a un texto fijo del Ordinario, y podía moldearse a las fortalezas de un virtuoso invitado.
Una cuestión interpretativa que sigue resultando obstinadamente reveladora es la autodefinición de la obra. Mozart la tituló “motete”, pero su diseño se acerca más a una escena italiana compacta: un movimiento inicial jubiloso, un centro más íntimo y, por último, un Alleluia autónomo que funciona como un brillante final de concierto. Puede escucharse con provecho no como “ópera de contrabando en la iglesia”, sino como una obra que utiliza recursos operísticos —pasajes vertiginosos, cantilena de amplio aliento, contrastes retóricos— para intensificar un afecto devocional (la alegría como estado espiritual, no como mera exuberancia teatral).
Instrumentación y plantilla
Exsultate, jubilate está escrito para soprano solista (originalmente para castrato) con una orquesta clásica moderada y continuo. La plantilla habitual es:
- Voz solista: soprano (originalmente castrato)
- Viento madera: 2 oboes
- Metales: 2 trompas
- Cuerdas: violines I y II, viola, violonchelo, contrabajo
- Continuo: órgano (con línea de bajo)
Esta es la instrumentación reflejada en los materiales modernos de estudio e interpretación, y en listados derivados de la documentación de la Neue Mozart-Ausgabe/IMSLP.78
La paleta tímbrica es significativa. Oboes y trompas, en fa mayor, aportan a la pieza un brillo pastoril y dorado que evita tanto la coloración penitencial “eclesiástica” de los trombones como el fulgor más ceremonial de trompetas y timbales. En su lugar, Mozart crea la brillantez mediante articulación y textura: cuerdas en patrones enérgicos al unísono bajo la línea vocal, oboes que avivan los tutti y trompas que otorgan un halo redondeado a las cadencias. El resultado es festivo sin sonar “oficial”, un matiz útil para una obra que probablemente debía encajar dentro de la liturgia más que dominarla.
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Estructura musical
Aunque a menudo se trata como un único número de concierto, Exsultate, jubilate se despliega como una secuencia de secciones contrastantes que funcionan como tres movimientos. Un esquema conciso es:
- I. Exsultate, jubilate — Allegro (fa mayor)
- II. Fulget amica dies — Andante (tradicionalmente en la región de la subdominante; centro lírico y expresivo)
- III. Alleluia — Molto allegro (fa mayor)
Este diseño tripartito se resume en las descripciones de referencia habituales.3
I. Exsultate, jubilate — Allegro
El comienzo no es simplemente “alegre”: es, de manera deliberada, atlético. Mozart construye una propulsión de tipo ritornello (ideas orquestales recurrentes) que enmarca la coloratura de la solista. Llama la atención hasta qué punto los fuegos artificiales vocales permanecen ligados, con coherencia “gramatical”, a los imperativos del texto: exsultate (regocijaos), jubilate (aclamad). El pasaje no parece un adorno añadido a posteriori; encarna la alegría como energía cinética.
La presencia de Rauzzini se intuye detrás de la escritura. La línea se mueve en una tesitura luminosa y exige giros rápidos y limpios, pero depende por igual de un legato sostenido: Mozart está pidiendo claramente un virtuoso capaz de “hablar” en frases largas, no solo de deslumbrar. En la interpretación, el éxito del movimiento suele depender de si la cantante logra mantener las consonantes precisas sin endurecer el timbre: la línea vocal debe centellear y, a la vez, conservar una dicción propia del ámbito litúrgico.
II. Fulget amica dies — Andante
El movimiento central es el eje espiritual de la obra. Su retórica tiene menos que ver con la jubilación que con el resplandor (fulget), la intimidad y un afecto atenuado que invita a una quietud casi orante. El genio de Mozart aquí es una cuestión de proporción: no ralentiza la pieza para “ponerse serio”; más bien condensa la ternura en una estructura clara y cantable.
También es el punto en el que el motete revela con mayor nitidez su identidad “de iglesia”. En el Andante, la ornamentación del cantante (sea la escrita o la añadida con buen gusto) debe medirse con el marco sacro: se puede recrear uno en la línea melódica, pero el clima es contemplativo, no coqueto. Los intérpretes con criterio históricamente informado suelen tratar este movimiento como el lugar donde dejar respirar al continuo y a las cuerdas interiores: un sutil manejo del tiempo que sugiere devoción más que teatralidad.
III. Alleluia — Molto allegro
El Alleluia final se ha convertido en la cara pública del motete, y con frecuencia se interpreta como pieza independiente de lucimiento —y con razón. Es una sola palabra, pero Mozart la transforma en un drama en miniatura de respiración, acento y juego rítmico. Las rápidas escalas y las figuras repetidas, de impulso boyante, crean la sensación de una alegría que desborda los límites del habla.
Sin embargo, el movimiento no es una mera “carrera” vocal. Su brillo depende del diálogo con la orquesta: el motor rítmico de las cuerdas y la puntuación luminosa de maderas y trompas crean una interacción concertante en la que la soprano pasa a ser, en la práctica, el instrumento principal. En este sentido, el Alleluia puede escucharse como un final de concierto a la italiana traducido a términos vocales, una de las razones por las que funciona tan bien en las salas modernas incluso cuando se separa de cualquier liturgia.
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Recepción y legado
Desde el principio, Exsultate, jubilate tuvo una doble identidad: obra sacra asociada a una interpretación concreta en una iglesia milanesa y vehículo concebido para una cantante célebre.35 Con el tiempo, la segunda identidad ha tendido a eclipsar a la primera. La supervivencia del motete se explica en parte por razones prácticas: encaja cómodamente en programas de recital y concierto, no requiere coro y ofrece un arco narrativo cerrado que va de la exuberancia al calor lírico y a una afirmación deslumbrante.
Hay además un motivo más profundo. En la música sacra salzburguesa posterior de Mozart, a menudo se percibe una negociación entre las expectativas litúrgicas locales y su ambición musical más amplia. Exsultate, jubilate muestra esa negociación de una manera inusualmente transparente: en vez de reprimir el impulso operístico, lo “bautiza”, poniendo el virtuosismo al servicio de un afecto devocional. Ese equilibrio ha hecho de la obra un punto de referencia tanto para intérpretes como para estudiosos: una pieza que puede cantarse como puro regocijo o leerse con mayor sutileza como documento de la educación italiana de Mozart y de su capacidad para traducir técnicas teatrales en persuasión sacra.
Para el oyente actual, una vía fructífera de acercarse al motete es mantener simultáneamente ambos contextos: la iglesia de los teatinos en Milán el 17 de enero de 1773, con Rauzzini como destinatario y solista, y la tradición concertística posterior que ha convertido el Alleluia en símbolo de deleite vocal.346 El encanto perdurable del motete reside en que ninguna perspectiva anula a la otra: cada una afila lo que la música ya contiene: alegría, oficio y el instinto seguro de un joven compositor para la voz humana.
Noter
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[1] KV catalogue entry for K. 165 (*Exsultate, jubilate*) — Internationale Stiftung Mozarteum (work data and classification).
[2] Context for Mozart’s third Italian journey and his Milan activities in early 1773 (including composition of K. 165).
[3] Overview of the work, date, dedicatee (Venanzio Rauzzini), and premiere at the Theatine church on 17 January 1773.
[4] Primary-source document: Leopold Mozart letter from Milan dated 16 January 1773 with Mozart’s postscript (Digital Mozart Edition).
[5] Italian reference summary noting the premiere on 17 January 1773 at the Theatine complex (Sant’Antonio Abate) with Rauzzini, citing Mozart’s postscript.
[6] Program-note discussion of likely liturgical placement and the work’s character as a ‘soprano concerto’ for Rauzzini; premiere date and context.
[7] IMSLP work page (Neue Mozart-Ausgabe materials and listed parts) for *Exsultate, jubilate*, K. 165.
[8] Instrumentation listing in a modern orchestra program document (solo soprano, 2 oboes, 2 horns, strings, organ continuo).










