6 preludios para fugas de J. S. y W. F. Bach para trío de cuerda (K. 404a) en re menor
de Wolfgang Amadeus Mozart

Los 6 preludios para fugas de J. S. y W. F. Bach (K. 404a) de Mozart, reunidos en Viena en 1782, constituyen un documento revelador de su fascinación de madurez por el contrapunto barroco. Escritas para trío de cuerda (violín, viola y violonchelo), estas piezas muestran a Mozart no como inventor de temas, sino como un traductor magistral: vistiendo fugas de Bach con un lenguaje clásico para cuerdas y aportando preludios de nueva composición como umbrales expresivos hacia la escritura docta.
Antecedentes y contexto
En 1782 —el primer año completo de Mozart como compositor independiente en Viena— su música de cámara se expandió en dos direcciones aparentemente opuestas: hacia el brillo público del nuevo estilo vienés y hacia una implicación privada y erudita con modelos contrapuntísticos más antiguos. K. 404a pertenece de manera decidida a la segunda categoría. No es un conjunto de “fugas de Mozart” en el sentido habitual, sino un ciclo cuidadosamente seleccionado de fugas de Johann Sebastian Bach y Wilhelm Friedemann Bach, arregladas para trío de cuerda, cada una precedida por un preludio que (en la mayoría de los casos) Mozart compuso expresamente para “enmarcar” la fuga para oídos clásicos [1].
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Este repertorio se sitúa cerca del centro de un fenómeno vienés bien documentado: la creciente admiración de Mozart por el arte de J. S. Bach, estimulada por círculos que cultivaban Stil y Gelehrsamkeit —el contrapunto erudito— junto al gusto moderno. También puede oírse esta fascinación resonando en las grandes obras camerísticas de Mozart de comienzos de la década de 1780 (por ejemplo, los cuartetos “Haydn”, iniciados en 1782), donde las técnicas fugadas y canónicas aparecen no como exhibición académica, sino como retórica musical dramática y de alto voltaje [2]).
K. 404a merece atención precisamente porque muestra la musicalidad de Mozart en el acto de escuchar: cómo estudia, adapta y reescribe la sintaxis de otro compositor —y luego la hace hablar con claridad vienesa.
Composición y dedicatoria
El conjunto está catalogado como K. 404a (Köchel 9) y por lo general se sitúa en Viena, 1782, cuando Mozart tenía 26 años. El título que se da habitualmente en las ediciones modernas (Preludes and Fugues o Sechs Präludien und Fugen) refleja su autoría híbrida: las fugas proceden de fuentes bachianas (J. S. Bach y W. F. Bach), mientras que los preludios funcionan como adiciones y pasarelas de Mozart [1].
Instrumentación (trío de cuerda) [1]
- Cuerdas: violín, viola, violonchelo
Las fugas en sí son arreglos/transcripciones, no fugas originales compuestas ex nihilo. Esta distinción importa: el arte de Mozart aquí reside en la selección, la adaptación y el “preámbulo” tonal-dramático que aportan los preludios. En este sentido, K. 404a funciona casi como un conjunto de pequeñas notas de programación de concierto —solo que esas “notas” son música.
Forma y carácter musical
K. 404a se entiende mejor como seis paneles emparejados: un preludio (a menudo lento, de carácter Adagio) seguido de una fuga. El perfil general no es el de un despliegue camerístico virtuosístico, sino el de un diálogo contrapuntístico concentrado.
Plan de movimientos (pares):
- N.º 1: Adagio – Fuga (re menor) [1]
- N.º 2: Preludio – Fuga
- N.º 3: Preludio – Fuga
- N.º 4: Preludio – Fuga
- N.º 5: Preludio – Fuga
- N.º 6: Adagio – Fuga (fa menor) [1]
(Las tonalidades individuales de los N.os 2–5 varían según la fuente y la edición; las partituras y partichelas modernas suelen presentar el conjunto completo con el esquema tonal de cada pareja.)
La “clasicización” mozartiana de Bach
Arreglar una fuga para trío de cuerda no es un acto neutral. El contrapunto de teclado (donde múltiples voces pueden sostenerse y equilibrarse por un solo intérprete) debe redistribuirse entre tres instrumentos de arco, con sus propias limitaciones: resonancia, ataque y la necesidad de respirar entre gestos. Las soluciones de Mozart suelen incluir:
- Claridad de voces y de registro: las líneas se asignan de modo que las entradas y los contrasujetos se proyecten con nitidez en el espacio de violín/viola/violonchelo.
- Refuerzo armónico: las cadencias y los giros armónicos decisivos se subrayan mediante la sonoridad de las cuerdas, más que por figuraciones de teclado.
- Ritmo del tejido: los episodios pueden sentirse más “dichos” en las cuerdas; Mozart a menudo lo favorece dejando que el preludio establezca un tempo retórico antes de que comience la severidad de la fuga.
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Los preludios son la firma mozartiana decisiva. No se limitan a rellenar; establecen el afecto (Affekt) y la gravedad tonal. En la práctica, funcionan como un prólogo en la ópera: preparan el oído del oyente para un argumento que ya está en marcha (la fuga de Bach), aportando la premisa emocional y narrativa que una fuga puramente “importada” podría echar en falta en un salón vienés.
Por qué importa re menor
A menudo se identifica la obra por su pareja inicial en re menor, una tonalidad que Mozart reservaba para una seriedad acentuada y una intensidad dramática. Comenzar el ciclo de este modo confiere al conjunto un perfil inesperadamente grave: K. 404a no es una antología casual, sino un encuentro con el contrapunto como disciplina moral y expresiva.
Recepción y legado
K. 404a ha permanecido como un rincón para conocedores dentro de la producción camerística de Mozart: admirada por intérpretes y oyentes a quienes les gusta escuchar a Mozart “en modo estudio”, pero rara vez programada junto a los grandes cuartetos y quintetos de cuerda. Su condición de arreglo contribuye a esa marginalidad; el público suele acercarse a Mozart esperando invención temática más que una reimaginación curatorial.
Y, sin embargo, precisamente esa cualidad constituye su valor histórico. El conjunto documenta la rehabilitación tardosetecentista del contrapunto bachiano: ya no como mero vestigio pedagógico, sino como un recurso vivo para los compositores clásicos. En manos de Mozart, la fuga se convierte no en un oficio anticuario, sino en un medio dramático, capaz de tensión, distensión y carácter; el formato de trío de cuerda intensifica esa sensación de tres personalidades distintas en debate.
Para el oyente actual, K. 404a ofrece un doble retrato: el de Bach (y W. F. Bach) a través del oído de Mozart, y el de Mozart a través de la disciplina de Bach. Pocas obras “complementarias” del catálogo Köchel ofrecen una ventana tan directa al taller compositivo de Mozart —y al momento en que el clasicismo vienés se reconectó, de manera consciente y creativa, con el pasado barroco.
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[1] IMSLP: score and work page for Mozart, Preludes and Fugues, K.404a (instrumentation and overview)
[2] Wikipedia: overview of Mozart’s “Haydn” quartets (context for Mozart’s Viennese chamber style and contrapuntal interests)











